El bosque
Es negra noche, y el joven recorre el bosque en la más absoluta oscuridad, sólo atenuada por la luz de la luna que consigue filtrarse entre la maleza. Está solo, perdido y asustado. El vaho se condensa al salir de su boca, como una bocanada de humo, y el rocio empapa su ya maltrecha ropa. Se detiene a recobrar el aliento, cuando un sonido le alerta. Sólo es el viento, que mece las hojas. Un chasquido. Se vuelve, aterrado. Oscuridad. Reinicia su carrera, sin saber a donde le conducen sus pasos, sin saber que ya es la tercera vez que ha pasado junto a ese árbol. Escucha sus pasos. Un galope. Es su corazón, desbocado. Y otro sonido, ajeno, amenazador, que se aproxima. Mira constantemente a su espalda, a pesar de saber que verá lo mismo que ve delante de si. Negrura. Nada. Destellos en la noche. Interrumpe su carrera, intentando comprender qué ha visto. Vuelve a mirar. Nada. Un sonido a su izquierda. Los destellos de nuevo, pero esta vez no son fugaces, sino que permantecen como dos puntos que le observan fijamente. Intenta correr de nuevo, mas resbala y cae de bruces al suelo. Cuando levanta la cabeza puede ver los dos puntos lumiosos más cerca, y reconocer en ellos dos ojos que fijan en él su mirada. Un sonido estremecedor rompe la quietud de la noche. Un aullido. Y a los dos ojos amarillos que le observan, se le unen varios más, rodeándole. No puede huir, y lo sabe. Reza una plegaria, a sabiendas que va a ser inútil. La muerte le mira a los ojos, y él le devuelve la mirada, dividido, deseando que nunca llegue, deseando que ya termine. Su verdugo se aproxima. Ya puede ver su rostro, sus colmillos, la saliva goteando por las comisuras de su hocico. Es negra noche en el bosque. Un grito desgarrador rompe el silencio. Una bandada de pájaros levanta el vuelo, sobresaltados. Y el silencio vuelve de nuevo al bosque.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada